Procesando el Duelo

duelo 2La pérdida de un ser querido es, desafortunadamente, una situación que todos vamos a tener que afrontar en algún momento de nuestras vidas. Profesionales en psicología han identificado diferentes etapas del duelo que son importantes de reconocer, y que normalmente debemos recorrer, para sobrellevar la muerte de alguien. No necesariamente se vive una tras otra y en determinado orden, pero por lo general se suele experimentar cada una.

Las etapas se detallan a continuación:

1) Negación o Shock: Esta etapa se caracteriza por un estado de desconcierto y rechazo ante lo sucedido. Es un mecanismo de defensa que tenemos, para “bajar” el dolor a un nivel tolerable y así amortiguar todo el sufrimiento que sentimos. En esta fase nos hacemos afirmaciones tales como: Esto no puede estar pasándome a mí. Lo que sucede es que nos estamos poniendo un escudo protector y nuestro comportamiento es como la de un robot: vivimos de forma automática. Incluso, nos podemos comportar como si nada ha pasado.

A medida que avanzamos en esta etapa, nos empezamos a preguntar: ¿cómo voy a seguir adelante ante la falta de este ser querido? Poco a poco, la nueva realidad comienza a registrarse y nos vemos obligados a enfrentar lo que nos espera.

Si bien no hay un tiempo definido en el cual una persona pasa en la fase de negación, es importante ir saliendo de esta etapa ya que si no se supera, las repercusiones pueden ser muy graves tales como enfermedades físicas, hipertensión y depresión. Es muy difícil que una persona que está pasando por un proceso de duelo pueda identificar de manera racional que se encuentra en esta etapa del duelo. Por eso es muy importante que las personas que rodean a dicha persona sepan identificar esta etapa y puedan reconocer los signos. Tambien pueden aprender Tecnicas de Tranquilidad dando  «Clic Aqui»

2) Ira, Rabia o Agresividad: La ira y el enojo suelen estar presentes en las diferentes etapas del duelo, pero en esta fase predomina este sentimiento y principalmente se da cuando caemos en cuenta que nuestra realidad no volverá a ser la misma. Nos hacemos preguntas tales como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué me sucede esto?

Es común que la ira y rabia, se manifiesten hacia uno mismo, hacia la persona fallecida o hacia quienes nos rodean. Acompañado al sentimiento de ira se suele sumar el sentimiento de culpa, lo cual produce más dolor y más enojo, convirtiéndose en un círculo vicioso de ira – culpa – dolor. Sin embargo, esta etapa es necesaria vivirla para ir sanando las heridas. Durante esta fase, uno puede optar por expresar su ira por medio de una carta a la persona fallecida, un dialogo imaginario, conversar sobre lo que siente con amigos o familiares o bien, realizar ejercicios físicos o de relajación tales como la meditación para canalizar esos sentimientos.

3) Negociación: En el afán de tomar control de la situación, pasamos a negociar con Dios o un ser Supremo: seré una mejor persona si me regresas a mi ser querido. Acompañado al deseo de negociar se suman los cuestionamientos de lo que se pudo haber hecho de manera diferente para evitar lo sucedido: “si tan solo hubiésemos pedido una segunda opinión médica…”, “si hubiésemos acudido al hospital 5 minutos antes…”, “si yo cambiaba mis malos hábitos, Dios me hubiese ayudado…”. Normalmente esta fase es la menos duradera ya que es el último recurso para aliviar el intenso dolor que se siente, pero ante la imposibilidad de cambiar el pasado, resulta muy agotador para la persona seguir imaginándose situaciones fantasiosas que distan mucho de la realidad que se vive.

Es importante que en esta fase se continúe con la rutina de la vida cotidiana o bien, se establezca una nueva forma de vivir en que las actividades y tareas a realizar sean regulares y estables.

4) Depresión: En esta fase podemos experimentar 2 tipos de depresiones: la primera es una reacción relacionada a lo que implica la pérdida en sí, acompañada de sentimientos de tristeza y lamento. Preocupaciones que surgen en esta etapa pueden ser de índole económica: ¿Cómo voy a costear el funeral y gastos asociados

El segundo tipo de depresión es más personal y privada. El agotamiento físico y mental es evidente ya que la persona constantemente se cuestiona: si extraño tanto a mi ser querido, ¿por qué debo seguir? Es normal que la persona duerma largas horas, llore con frecuencia y se comporte irritable e impaciente ya que se está enfrentando a la irreversibilidad de la muerte.

Cabe recalcar que la depresión que se sufre en el duelo no debe ser considerada una enfermedad mental. Más bien, es una respuesta adecuada ante la situación por la cual se está pasando y es parte del proceso de sanación.

5) Aceptación: Llegar a esta fase es muy difícil y requiere mucho tiempo, pero no es imposible. Para algunas personas, aceptar la muerte de un ser querido toma semanas, mientras que para otras es un proceso que lleva años. Generalmente, al llegar a esta fase hemos sufrido tanto que más bien se siente una calma y tranquilidad. No es un periodo de felicidad, sino más bien de reflexión y comprensión de que si bien la persona se ha ido y no volverá, “todo va a estar bien”.

Tal y como se mencionó anteriormente, podemos pasar de una fase a otra en diferentes momentos del proceso de duelo y frecuentemente vamos a volver a vivir ciertas fases más de una vez. Lo importante es tratar de llegar a la fase de aceptación y recordar en las sabias palabras de Kahlil Gibran, que “Para llegar al amanecer no hay otra vía que la noche” pero el amanecer llega…

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Referencias: Libro “Sobre la Muerte y el Morir” de Elisabeth Kübler-Ross

Vanessa Rodríguez, La autora de este artículo es esposa, y madre de un niño de 6 meses.

Trabaja en el área de salud, en una empresa en Costa Rica.

 

 

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